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Cuba y su Realidad Social 26-11-2014

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La historia oculta de la Revolución cubana

Las Guerras Secretas de Fidel Castro

Cubamatinal/
Capitulo 17
EL RETORNO DEL GUERRERO

No obstante haber resultado exitosa en las contiendas africanas, los cubanos mostraron gran incapacidad para arrostrar la contrainsurgencia; tanto ellos como los soviéticos consideraban que la mejor táctica era la sobresaturación de hombres y equipos. La ocupación militar de Castro probó su eficacia táctica ofensiva y a la vez su debilidad defensiva ante UNITA, a medida que ésta se consolidaba. Así, Castro se atascó en el tremedal africano: en Angola y Etiopía enfrentó una enérgica e inesperada resistencia perfilada en conflictos que no podrían desenredarse mediante la activación de su Afrika Korps.

Por Juan F. Benemelis*

El ejército del MPLA levantado por los cubanos resultó ser, además, una masa heterogénea de soviéticos, cubanos, alemanes orienta­les, y mercenarios portugueses, que si bien disponía de superioridad en volumen de fuego y modernidad de armamentos, era incapaz de desplegar la movilidad necesaria para liquidar la oposición de Savimbi.

El mando cubano encaró la terrible realidad de una guerra librada en la vastedad e irregularidad orográfica, en medio de las lluvias tropicales y de las junglas, con escasas vías de comunicacion­es. Todo ello hizo que sus columnas mecanizadas pudiesen ser bloqueadas fácilmente por emboscadas y minas1.

A la par que fueron robusteciendo el frente sur en Angola, a partir de 1988 los cubanos llevaron a cabo una remodelación en la ordenación orgánica de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA). Se establecieron cuatro frentes militares: norte, sur, este y oeste. Los aparatos de protección e inteligencia cubanos, conjuntam­ente con sus contrapartes soviéticos y germano-orientales, instruyeron y formaron a los cuadros del servicio secreto angoleño: el MINSE y la DISA. El oficial de la KGB Vadim Ivanovich Cherny actuaba como el consejero de la DISA en asuntos de seguridad. Los asesores cubanos se encargaban de los interro­gatorios2.

A fines de 1976, ya casi olvidado y subestimado por Luanda, Savimbi emerge con 70 hombres para componer la estructura de UNITA. En octubre y noviembre de 1977, Savimbi se entrevista con varios presidentes africanos, con vistas a recaudar fondos para revitalizar su capacidad militar. A partir de 1978, los cubanos y la FAPLA comenzarán una serie anual de expediciones bélicas contra la UNITA. Castro vuelve a reforzar su Afrika Korps, que llegará a contar con 28,000 hombres apoyados por tropas especiales de Alemania Oriental.

En marzo de 1978, los generales cubanos Ochoa y Tomassevich, al frente de un contingente de 5,000 soldados, auxiliados con batallones de la FAPLA y amparados por helicópteros y unidades aéreas de MiGs, desencadenan las hostilidades sobre UNITA en Bié, Huambo y Cuando-Cubango. No obstante, el avance se desvane­ce en el territorio controlado por Savimbi.

Neto advierte que tanto el control soviético, la escisión dentro del MPLA, como la oposición de UNITA solo podrán eliminarse mediante la conciliación con Savimbi3. Hacia ese fin Neto plantea un parlamento con el líder rebelde en Dakar, capital de Senegal para el mes septiembre de 1978. Pero la inteligencia cubana detectará tales intentos y pasará la información a los soviéticos. La iniciativa de Neto queda truncada con su sorpresiva muerte en Moscú.

Hacia fines de año, el vicepremier de defensa soviético, Sergei Sokholov, llega a Angola y el GRU se hace cargo de la inteligen­cia militar del país. Asimismo, alrededor de 12 generales soviéticos, comandados por G. Petrovsky y Víctor Kirsanov, se arrogan el mando del ámbito angoleño4. En los primeros meses de 1980, la UNITA de Savimbi montará un contraata­que ante los batallones de la FPLA, que ante la difícil situación alimentaría, buscaba recuperar las zonas agrícolas de Huambo, Bié, Benguela, y Moxico.

Los soviéticos incrementan notablemente su misión luego de una estancia de Eduardo Dos Santos en Moscú, en 1980. Castro ordena el embarque de más conscriptos. A su vez, Berlín Oriental eleva el número de sus tropas de seguridad, y remite su curtido regimien­to paracaidis­ta Félix Dzherzhinsky. También hacia fines de 1980, comparecieron milicias élites norcoreanas en la comarca septentrional, especialmente en Bela Vista, Zala y Nambuangongo, y en la zona sur, alrededor del centro de entrenamiento de SWAPO en Quibala.

En septiembre de 1980 Savimbi logró apresar espectacularmente el poblado de Mavinga; llenando de consternación a sus enemigos y atrayendo hacia su lucha a todos los ojos del continente. Al entrar el nuevo año, su agresividad se intensifica de tal manera que 1981 se considera el año en que la UNITA arrebata la iniciativa imponiendo el curso de las futuras campañas militares.

En 1981, los cubanos ponen su hombro en la ofensiva lanzada contra Savimbi en las provincias centrales de Angola. En mayo, en una batalla campal ocurrida en las márgenes del río Lomba, la UNITA detuvo la primera de una prolongada sucesión de arremetidas anuales preparadas por los cubanos. Otra columna motorizada cubano-MPLA queda estancada al norte de Rito, posibilitando a que UNITA lanzará un violento contraataque hacia el territorio de Moxico en los últimos meses del año. El fiasco de esta maniobra trajo violentas confrontaciones entre el generalato cubano y sus subalternos angolanos.

El presidente Eduardo Dos Santos no mantenía una posición inflexible con respecto a la búsqueda de una normalización de la contienda de todo el Cono Sur. Dos Santos buscaba a todo trance evitar en un conflicto frontal a gran escala, pues temía perder la batalla militar con Pretoria. Además, estaba sujeto a enérgicos apremios de parte de un gran número de presidentes africanos que insistían en un diálogo con África del Sur.

Su carta de negociación era la retirada de las tropas cubanas, pero eso significaba enfrentarse a Castro, que no mostraba propensión de abandonar el país. En 1982, Dos Santos se trasladó a Cabo Verde para iniciar una ronda de charlas con sus colegas africanos. Allí se discutió con el presidente senegalés Abdou Diouf un posible entendimiento con Savimbi. El gambito angolano estuvo apoyado por los Estados Unidos, quien recibirá oficialmente a Savimbi y propiciará una audiencia en Méjico en diciembre de ese año entre su secretario de estado Alexander Haig y el canciller cubano Carlos Rafael Rodríguez.

La Habana se hallaba desconcertada e irritada por los vaivenes diplomáticos del MPLA; en su conversación con Haig, los cubanos analizaron su presencia en todo el sur africano, y su otorgamiento de santuarios y recursos desde Angola para las acciones de la SWAPO contra Namibia. El dilema se reducía a cuatro puntos fundamentales: la salida de las tropas cubanas, la independencia de Namibia, el cese de la ayuda sudafricana a la UNITA, y el reconocimiento de la misma en Angola. Pero Castro seguía en sus trece, sin mostrar algún resquicio para el desmantelamiento de sus tropas.

Este frenesí de conciliábulos causó crisis dentro del MPLA entre los marxistas ortodoxos que sostenían una liquidación militar de Savimbi y aquellos que reconocían la necesidad de alcanzar un arreglo con el jefe de la UNITA. Los soviéticos llamaron urgentemente a Lucio Lara, su hombre en Luanda. Simultáneamente, el premier soviético N. A. Tikhonov declaraba públicamente que los acuerdos con Savimbi o Sudáfrica resultarían riesgosos. Entre tanto, el canciller cubano Isidoro Malmierca le hacía una visita al mandatario Dos Santos, portando un mensaje de Castro en el que éste rechazaba cualquier pacto que contemplase una salida simultánea de las tropas cubanas con las sudafricanas. El presidente Dos Santos tuvo que retraerse de forma humillante.

Castro incrementará su personal militar a 35,000 soldados, y lanzará en julio de 1982 un poderoso asalto contra las huestes de Savimbi, sobre todo al sur de Cuito Cuanavale. En lo adelante, la contienda se transformó en una guerra de movimientos regulares donde los cubanos retornarán al campo de batalla. En ese año de 1982, la FAPLA y los cubanos enfrentan una serie de derrotas a manos de UNITA. El MPLA tuvo que evacuar Kangumbe tras cinco meses de cerco y pierde seguidamente Gago Coutinho, Sessa, Kassamba y Lutembo.

A mediados de año tiene lugar la exitosa contraofensiva de UNITA en Calulo, a 200 kilómetros de Luanda. Para agosto UNITA había extendi­do sus áreas de incursiones a las fértiles planicies centrales, el famoso granero angolano, luego de sostener un número significativo de encuentros violentos con batallones cubanos y del MPLA. Para septiembre 5,000 soldados cubanos y 12,000 de la FAPLA provistos de una impresionante maquinaria blindada y aérea, ponen en peligro las líneas delanteras de Savimbi. No es hasta noviembre que UNITA restablece el equilibrio mediante una contrarrevolución precipitada montada sobre la marcha contra Lumbala, y Cuanza Sul.

Los países de la "línea del frente", aliados de los soviéticos y de los cubanos, hacen saber al MPLA que los antillanos deberán retirarse, ante el temor de provocarse una reacción masiva de Pretoria a todos los territorios fronterizos. El 8 de diciembre, una nutrida comisión del MPLA acude a un conciliábulo con los sudafricanos en la isla de Sal, al cual estuvieron ajenos el Kremlin y La Habana.

La reacción de Savimbi por un lado, y de los cubanos y soviéticos por el otro, fue de desdeño total a estas transacciones, rechazo al que se sumaron los elementos pro-soviéticos del MPLA: había estallado la crisis. Lucio Lara y Pedro Tonha, los angolanos que más se inclinaban a la URSS y a Cuba, se encaminaron prestamente a La Habana para quejarse de la situación. Al mismo tiempo, el ministro de defensa cubano, Raúl Castro, salió rápidamente hacia Moscú para sostener una conferencia con el mariscal Ustinov y de esta forma torpedear los arreglos de la Isla de Sal, e imponer la solución militar como la única factible.

Desde La Habana y el Kremlin había bajado la orientación de acabar con Savimbi de una vez y por todas. Se preparaba un enfrentamiento militar de envergadura. Así, entrará un vasto arsenal de tanques, artillería, cohetes y helicópteros y el comando operacional se elevará a 37,000 cubanos.

En el verano, los batallones cubanos y de la FAPLA aventuraron una contraofensiva que logra desalojar a UNITA de las cercanías a Luanda, aunque no pueden recuperar el control de las provincias centrales o de la frontera con Zaire. En julio UNITA ataca exitosa­mente en varias zonas, arrollando a fines de ese mes las posiciones del MPLA y de los cubanos en Sautar. Ya para agosto tendrá lugar la confrontación de Cangamba, que marcó un punto de ascenso para UNITA.

Pese al apoyo aéreo que los cubanos brindaron desde Luena, la ciudad se perdió en la batalla más grande que se llevase a cabo desde 1976. En Cangamba, las fuerzas de UNITA lograron aniquilar a la 16 Brigada Motorizada de la FAPLA, propinando importantes bajas entre los propios cubanos. El mando antillano pudo extraer a duras penas a un centenar de sus soldados, mientras otro centenar perecía en el cerco5.

Esta ofensiva y la toma de Cangamba cambiaron definitivamente todo el curso de la guerra. La derrota de Cangamba llenó de pánico al gobierno de Dos Santos, que esta vez envía a Lara y a Pedro Tonha a la URSS, para ver cómo se detenía el empuje de UNITA. Los soviéticos respondieron como era tradicional en ellos, con más armamentos.

 

OFENSIVAS DE PRIMAVERA

En 1984, los acuerdos de Lusaka entre Angola y África del Sur, y los de Nkomati entre Mozambique y África del Sur, ambos llevados a cabo a espaldas de los aliados de Dos Santos, provocaron la reacción de Castro. La presión sobre los angolanos aumentó en extremo; por las callejuelas de Luanda rondaba el rumor de una posible deposición violenta de Dos Santos a manos de los "duros" del partido y del ejército. Dos Santos se vio conminado a viajar a Cuba y a firmar forzosamente una declaración conjunta con Castro, donde prácticamente daba marcha atrás en muchos de los puntos negociados en Lusaka.

Savimbi organizó un ataque contra la faja diamantí­fera de Kafunfo, sorprendiendo al MPLA detrás de sus líneas. En julio, los rebeldes de Savimbi vuelan un nudo de los oleoductos de la Gulf Oil Company norteamer­icana, y hunden un buque en el puerto de Luanda, a plena luz del día, demostrando así su intención en golpear el corazón económico del MPLA; la producción petrolera litoral y la de plataforma. En octubre, sus comandos destruyen las instalaciones hidroeléctricas cercanas a Luanda.

La ofensiva de mediados de 1984 estuvo bajo la planificación de los cubanos y fue integrada por 15,000 hombres, entre ellos una infantería motorizada cubana de 5,000 soldados, y 200 tanques. La maniobra se dirigió hacia Cazombo, zona limítrofe con Zaire, donde es esperaba cortar líneas de abastecimientos de UNITA y a la vez rodearla por el flanco oriental y por Gago Coutinho. Savimbi consiguió repeler esta acometida, pero a gran costo humano, teniendo incluso que retirarse de ese bolsón.

El MPLA veía esfumarse ante sus ojos las bases de sustent­ación en el interior y se transformaba cada vez más en un régimen dependiente de un cuerpo expedicionario extranjero, de la importación de equipos y aliment­os y la explotación petrolera, acorralado a lo largo de la zona costera.

Desde 1983, el general Ochoa fungía como principal asesor militar ante el gobierno sandinista, con la facultad de crear una tropa apta para enfrentar y derrotar a la Contra. Para 1985 la situación en Angola entra en graves complicaciones y la URSS determina lanzar la ofensiva de mayor envergadura hasta el momento en Angola. Castro decide poner fin a la misión del general Ochoa en Nicaragua tras haber conformado el ejército más potente de Centroamérica en sólo dos años, capaz de aplastar cualquier coalición militar en los países vecinos.

Desde ese momento, el general Ochoa estará al lado del ministro de las fuerzas armadas, Raúl Castro, en las negociaciones de coordinación militar que se efectuarán anualmente en Moscú, en preparación de las campañas de la temporada de seca contra la UNITA. En marzo, tuvo lugar una reunión entre el general Ochoa y la plana mayor del ejército soviético, en la que también participaron Gromyko, Ponomarev, Risquet miembro del buró político cubano, y otros representantes del gobierno angolano.

Se concluyó que la única opción factible era la de llevar a la UNITA de Savimbi a una guerra convencion­al donde se pudiese utilizar el masivo poder aéreo y blindado acumulado en Angola. Para tales efectos se autoriza que Angola se fortalezca mediante la compra de material bélico occidental. Así llegarán helicópteros franceses, aviones a los suizos y españoles. A partir de estos acuerdos, el general Ochoa ayudará al diseño de las nuevas tácticas de guerra, que en lo adelante se caracterizarán por movimientos engañosos, por una mayor velocidad en las maniobras, en el transporte de soldados y una alta concentración del poder de fuego. Soviéticos y cubanos trataran de lograr objetivos victoriosos con un mínimo de pérdidas humanas y logísticas, buscando romper el frente de UNITA, y lanzarse hacia su retaguardia, con la mayor profundidad posible.

El avance del otoño de 1985 se llevó a cabo con 18 brigadas del MPLA y centenares de blindados soviéticos T-34. Grandes contingentes cubanos también tomaron parte. La dirección operacional recayó en las manos de los soviéticos, quienes pilotaban los cazas MiGs y los helicópteros conjuntamente con los cubanos. Así, con el apoyo de la aviación, lograron penetrar varias unidades en las profundidades del territorio de UNITA, buscando cortar sus rutas de abastecimiento provenientes del territorio sudafricano de Namibia.

Se decide entonces lanzar una nueva arremetida para capturar el nervio central de Savimbi en su cuartel general de Jamba. Para esto se trasladará personal militar cubano de mayor experien­cia destacado en Etiopía. En la zona de Cazombo se producía un brutal encuentro con los cubanos quienes hasta ese momento ejercían tras bambalinas el control de las operaciones y de la organización. El general Ochoa es requerido físicamente en Angola ante la súbita contraofensiva desencadenada por Savimbi en esa región. A su arribo, discrepará de los soviéticos en cuestiones de estrategia, especialmente en lanzar un ataque bipolar simultáneo con los medios disponibles en el territorio.

No obstante sus objeciones, el general Ochoa monta una lenta y difícil maniobra de avance en la zona de Cazombo, en la que el ejército de Savimbi pierde cerca de 7,000 efectivos. Cazombo será no sólo una de las derrotas militares más costosas de UNITA, sino también lo resultara para las tropas angolanas y cubanas. Allí se produjo el ataque de tanques más grande que había tenido lugar en África Negra. Sólo la participación del Batallón Búfalo, élite bélica creada por los sudafricanos para custodiar las fronteras entre Namibia y Angola, y el apoyo aéreo sudafricano logra parar en seco al ariete cubano6.

El 27 de enero de 1986 el general Ochoa participará de una nueva reunión tripartita en Moscú entre Cuba, Angola y la URSS para estudiar el reforzamiento militar del régimen angoleño, y comenzar los preparativos para otra campaña masiva. En mayo se efectúa un encuentro oficial en Moscú entre el presidente Dos Santos de Angola y Mijail Gorbachov de la URSS. Es allí donde los soviéticos desaprueban las conversaciones de Luanda con Pretoria, y donde Gorbachov ratifica la decisión de asegurar el éxito de la opción militar contra la UNITA en el sur angolano. No queriendo perder mano en el protagonismo del momento, Castro endurecerá las condiciones para el desmantelami­ento de sus tropas, expresando que la mayor parte de sus centuriones permanecerán en Angola hasta que el apartheid cesara de existir7.

Para la ofensiva de 1986, la URSS envió alrededor de 400 tanques a Angola. Mientras tanto, las huestes de UNITA se entrenaban en el uso de los letales cohetes antiaéreos Stinger y los antitanques Tow, suministrados por Estados Unidos. El 27 de mayo comienza con lentitud el ataque cubano y del MPLA; con miras a detener este movimiento sobre Jamba, capital del territorio liberado, UNITA comenzará a operar violentamente tras las líneas enemigas.

En julio y agosto, Savimbi se jugará su carta estelar al decidir contraatacar en la ciudad de Cuito Cuanavale, a la vez que varias de sus unidades volantes se desparramaban sobre casi todo el territorio nordeste y paralizaban las decisiones del Estado Mayor angolano. Al terminar la temporada, las brigadas de Cuba y de la MPLA no habían logrado su propósito de destruir militarmente a Savimbi.

El diario inglés London's Observer reportó entonces una entrevista con un alto funcionario cubano quien confirmaba que Castro y su dirigencia estaban gestionando la aprobación soviética para una declaración formal de guerra contra África del Sur8. Por su parte, un ministro cubano en viaje a la URSS también deslizó informa­ción a periodistas norteamericanos sobre una posible guerra contra África del Sur. La URSS y Cuba esperaban esta vez que 1988 terminase con la aplastante derrota de Savimbi. En abril de 1987 los ministros de defensa angolano y soviético y el general Ochoa intervienen en importantes concilios en Moscú. La ofensiva delineada en dichas reuniones tendría una importancia sin precedentes: la decisión de liquidar de una vez y por toda la capacidad combativa de Savimbi.

A esto siguió una enorme remisión de material bélico. Se activaron un total de 70,000 soldados angoleños, 9,000 soldados de la SWAPO, y numerosos consejeros soviéticos. Cuba eleva su cuerpo expedicionario a 40,000 soldados, y sumaría a su dirigencia a dos hábiles generales de línea: Cintras Frías y Fleites Ramirez. La evolución militar comenzó el 23 de junio sobre dos ejes estratégicos, al norte y al oeste de la zona controlada por UNITA. El primer avance, por la región de Gago Coutinho, era un movimiento de diversión, mientras el golpe principal se fraguaba a través de Cuito Cuanavale y el río Lomba.

El golpe principal a partir de Cuito Cuanavale se efectúa con 12 brigadas y varios regimientos cubanos que le sirven de apoyo; se trataba de introducir una cuña en el poblado de Mavinga para completar el sistema de defensa aérea angolana y amenazar desde el aire las líneas de abastecimiento logístico de UNITA provenie­ntes de Africa del Sur.

La superioridad en el poder de fuego y en el arma aérea parecía combinar una mole capaz de aplastar los efectivos operacionales de UNITA; comanda la ofensiva el general Konstantín Shagnovitch, el oficial soviético de más alto rango enviado fuera de Europa o de Afganistán. A medida que el avance cubano-angolano iba progresando, el general Shagnovitch consideró prematuramente que Savimbi estaba estratégicamente derrotado. Tal evaluación llevará al soviético a lanzar varias brigadas en persecución de Savimbi, al otro lado del río Lomba.

UNITA inicia entonces una calculada maniobra de retirada, dejando intencionalme­nte algunas brechas para que continuase el lento avance de las fuerzas enemigas. La trampa logra su cometido y el general Shagnovitch pagará su error al ver sus vías de logística estranguladas por la voladura del puente sobre el río Cuito. Finalmente, UNITA realizará una concentración de fuerzas sin precedente, y apoyada por la artillería y la aviación sudafricana, pasa al contraataque, logrando acorralar varias brigadas enemigas en los bancos del río Lomba.

Alrededor de 4,000 soldados del MPLA y un número no estimado de cubanos fueron aniquilados por las fuerzas de Savimbi, mientras el resto se retiraba desorganizadamente a sus bases en Cuito Cuanavale. Así fracasó una ofensiva planificada por dos años, que contó con una impresionante chatarra militar calculada en mil millones de dólares.

La situación se tornó difícil para el gobierno de Angola. El presidente Dos Santos solicita la ayuda de Castro, ya que una potente columna de 9 000 sudafricanos y 35 000 soldados de la UNITA logran cercar completamente la estratégica ciudad de Cuito Cuanavale donde se había refugiado el resto de las brigadas derrotadas en la fallida ofensiva. Entre el 7 y el 15 de noviembre, la situación se agravó con la escalada sudafricana. El peligro de que la mayor y mejor agrupación de tropas angolanas fuese completamente aniquilada en Cuito Cuanavale, se hizo real.

Castro decide jugarse todas sus cartas con Dos Santos y ordena el 15 de noviembre el envío de las mejores fuerzas de su ejército y todo el material bélico posible. Al despedir a los elegidos de la División-50, el ministro de defensa Raúl Castro expresó la decisión cubana de comprometer todos los recursos bélicos y humanos necesarios para tal operación9 "ustedes van a ayudar a la independencia de Namibia. Con certeza de 100 por 100 vamos a tener un encontronazo con los sudafricanos".

Casi inmediatamente, Castro decide reforzar con sus mejores pilotos la aviación en Angola. La toma de Cuito Cuanavale no sólo significaba para Savimbi hacerse de una localidad y de un aeropuerto estratégico, sino que, a su vez, exponía al cuerpo expedicionario cubano a una derrota10. A su vez Castro reemplaza al general Armando Fleites Ramírez, quien compartiera el mando de las fuerzas cubanas en la fracasada ofensiva, y envía urgentemente al general Ochoa para hacerse cargo de "una guerra perdida", como él mismo la calificó antes de salir de La Habana.

 

CUITO-CUANAVALE

Castro se había jugado el todo por el todo, enviando a ese escenario sus mejores armas, su mejor general, y un total de 60 000 soldados, moviendo todo esta aparataje con sus propios medios, como lo hiciera al inicio de su misión en Angola en 1975. Fueron barcos cubanos los que transportaron tanto a los soldados como a los medios de guerra11. Ochoa arribó a Angola con la flor y nata del ejército cubano, acompañado de una constelación de generales curtidos en otras campañas africanas: Cintras Frías, Tomassevich, Lara Roselló, Patricio de LaGuardia, por mencionar unos cuantos. De inmediato, determina el envió de las Tropas Especiales, las spetznats cubanas, al mando del general Patricio de LaGuardia y del coronel Alvaro López Mier para reforzar a Cuito Cuanavale. Así y todo, mantuvo precavidamente sus reservas estratégicas lejos de este teatro de operaciones, considerando en total desacuerdo con el criterio de Castro que la ciudad estaba perdida desde el punto de vista militar.

Existía un serio problema de logística y de abastecimiento causado por los 200 kilómetros de bosque y tupida maleza entre Cuito Cuanavale al este, y la villa de Menonge, asentamiento del grueso de las tropas, logística y aviación cubanas. No obstante, las medidas de defensa que el general Ochoa introdujo en Cuito Cuanavale, como puntos móviles de reservas y de campos minados, colocaron de inmediato a las Fuerzas de Defensa Sudafricanas (SDF) en una situación sumamente precaria.

El protagonismo personal deseado por Castro crearía tensiones entre él y el general Ochoa desde los mismos inicios de la campaña. Castro quería dirigir todas las operaciones directa y personalmente desde La Habana, a 6 000 millas del escenario bélico. El general Ochoa determinó evitar el choque con Castro, aunque hizo caso omiso a las instrucciones provenientes de La Habana. Así comenzaría la "guerra de los cables cifrados" entre ambas figuras12.

Para enero de 1988, África del Sur se ve presionada a enviar 6000 soldados de refuerzo al frente de batalla. La toma de Cuito Cuanavale se presentaba difícil, y sólo sería posible mediante un ataque frontal con un alto precio en vidas humanas, para lo que el gobierno de Pretoria no había preparado a su población. Castro y el general Ochoa comienzan a discrepar en cuanto a la coordinación general de las operaciones militares. Pero, el encontronazo más virulento entre ambas figuras surge por el traslado de varias brigadas fuera del escenario de Cuito Cuanavale ordenado por el general Ochoa. Castro le conmina de la siguiente manera13 "nos han disgustado mucho las inesperadas ideas que resultan inexplicables y chocan con nuestras concepciones de lucha en el sur contra Sudáfrica".

Bajo intensas protestas de La Habana, el general Ochoa también retira las tropas cubanas radicadas en la cercana base de Menonge. Las razones eran claras: mientras Castro buscaba dar la batalla definitiva con todas las fuerzas en Cuito Cuanavale, el general Ochoa no estaba seguro de cuál sería el escenario favorable a sus unidades para entablar el choque decisivo.

Además había surgido una situación nueva en el centro de Angola: un despliegue extensivo de UNITA que obligaba a proteger otros puntos claves del país. Para enero de 1988, la situación sigue aumentando en temperatura. El general Ochoa decidirá que el papel primordial en la defensa de Cuito Cuanavale deberán jugarlo tanto la aviación como un frente flexible y móvil, pues se contaba con un poderoso grupo táctico de reserva. Al no tener en cuenta la superioridad aérea y desconocer el terreno, Castro conminará al general Ochoa para que se compacte en Cuito Cuanavale, sitúe los tanques como meras piezas de artillería y comprometiese allí todas sus reservas14.

Las tropas sudafricanas que iniciaron el avance sobre Cuito Cuanavale estaban compuestas por 9,000 soldados, tanques pesados, blindados, artillería de largo alcance y reactiva, así como cazarreactores. El 3 de enero, los sudafricanos destruyeron el puente sobre el río Cuito con un avión teledirigi­do. El 14 se produce un feroz asalto de los batallones sudafricanos y de UNITA, bajo cubierta del barraje de su artillería de largo alcance.

La operación cubría un frente muy extenso al este del río Cuito que el general Ochoa defendía con tres brigadas angolanas separadas entre sí por brechas de cinco kilómetros de extensión. La alarma de Castro se refleja entonces en la cantidad de cables que envía a su general, donde le ordena retirar las tres brigadas para disminuir la línea del frente y llenar las brechas entre las mismas usando las reservas15 "se debe reducir el perímetro de la defensa en el este del río, replegando la 59 y la 25 brigadas hacia posiciones bien fortificadas más próximas al río. Estas dos brigadas deben cubrir la dirección este, de modo que la 8va. Brigada recupere su misión de transportar abastecimiento".

Pero los generales Ochoa y Cintras Frías, tenían preparada una trampa para todos: las brechas entre brigada y brigada, por donde se lanzaría el enemigo, eran letales campos minados donde los blindados sudafricanos se romperían los dientes una y otra vez. Se envía entonces un contingente de tanques dirigidos por el coronel Hernio Hernández para cubrir las brechas que dejaban las brigadas de infantería.

Así se detendría este ataque del enemigo, debido al minado de campos, a los golpes constantes de la aviación de Menonge y a la artillería. Por otra parte, el general Ochoa, en concierto con sus lugartenientes, los generales Cintras Frías, Llorente y Lara Roselló, quería mantener las líneas extendidas, con vistas a que el cerco no ahogase la habilidad de desplazar con rapidez, las brigadas que mantenía en reserva dentro del perímetro.

Así aconteció cuando el ataque sudafricano desaloja de sus posiciones a la 21 Brigada, y el general Ochoa mueve su grupo táctico desde Menonge con un batallón de tanques y artillería. El general Ochoa realizará otra movida arriesgada en la defensa de Cuito Cuanavale al dejar, en cierto modo, aislado del lado este del rió a un número de brigadas angolanas que dependían de un puente constantemente atacado por la artillería enemiga.

Pese a que Castro le conminaba reajustar de inmediato esta posición, el general Ochoa estimaba que si se abandonaba la ribera del río se perdería el control del centro logístico del campo de batalla. Los generales cubanos en el campo de batalla, contrarios al criterio de Castro, estaban convencidos de que la concentración de fuerzas sudafricanas y de UNITA aún no era suficiente para romper los bordes delanteros de sus líneas defensivas. Pero Castro seguiría insistiendo en la descabellada idea de compactar las tropas; el 17 de enero, vuelve a intervenir16 "actualmente las posiciones de la 59 y 25 brigadas son muy arriesgadas estando expuestas a cualquier ruptura por la dirección donde estaba la 21 brigada. Tales riesgos no deben seguirse corriendo".

Mientras Castro y su Estado Mayor en La Habana no entendían el cuadro general de la contienda que se desarrollaba en Angola, era evidente que en Angola, los generales cubanos junto a Ochoa habían logrado estancar a los sudafricanos alrededor de Cuito, obligándoles a una guerra de posiciones. Los papeles se habían invertido: la iniciativa y el movimiento ya no pertenecían a la UNITA y África del Sur, sino al bando del general Ochoa.

Notas:

1. Tito Chinjunji. Entrevista citada por la empresa televisiva canadiense Stornoway Productions. Washington, 1986.

2. Dakayessungo, Eugenio Jorge. Entrevista hecha para la Stornoway Productions, Jamba, 1986

3. Bridgeland, Fred. Ob. cit., p. 282

4. Vanneman, Peter. Ob. cit., p. 45

5. Del Pino, Rafael. Entrevista citada por la Stornoway Productions. Washington, 1986

6. Idem.

7. Thatcher, Gary, "Southern African nations would feel kick from sanctions", The Christian Science Monitor, 28/julio/66

8. Peter Younghusband. The Washington Times, 29/julio/86, p. 1

9. Raúl Castro, Discurso, Documental de la FAR. Respuesta a la Agresión Sudafricana. ICRTV, La Habana, julio/88

10. Granma. La Habana. 12/julio/1989

11. Ídem.

12 Fidel Castro, Granma, La Habana, 12/julio/89

13. Ídem.

14. Granma, La Habana, 12 de julio, 1989.

15 Ídem.

16. Ídem.


* JUAN F. BENEMELIS: Historiador y analista político. Nació en Manzanillo, Oriente, Cuba en 1942. Graduado en Derecho Internacional e Historia. Diplomático en Ghana y Tanzania del régimen de Castro. Asesor para el gobierno de Yemén del Sur. Premiado por la Unión de Escritores de Cuba por el ensayo " África: Una Visión Histórica". Colaboró con el libro " La Revolución Cubana 25 años después" que auspició la Universidad de Georgetown. Publicó su libro "Castro: Subversión y Terrorismo en África" en España y Portugal en 1987.Tiene en su haber la publicación de numerosos libros sobre el tema cubano.

 

 

  • 17-08-08

    Las Guerras Secretas de Fidel Castro


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