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Cuba y su Realidad Social 29-05-2017

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Matar a un ruiseñor

Cubamatinal / Amigos y compatriotas: Aquí les mando un artículo del periodista español Vicente Botín quien hizo un libro a favor de una Cuba libre en el mismo momento en que los mecanógrafos babosos acreditados en La Habana se han hecho cómplices de la sarta infame por tal de seguir amancebados en aquella ciudad de miseria..... para los cubanos. Saludos. Luis Tornés Aguililla.

Por Vicente Botín

Madrid, 26 de febrero/ El Mundo/ Ha muerto un hombre en Cuba y las campanas no doblan por todos porque no todos estamos unidos a la misma humanidad. Lamento contradecir a John Donne. Los hermanos Castro han demostrado una vez más su naturaleza asesina al dejar morir a un disidente, negro además, en un país tremendamente racista, donde el 80 por ciento de la población carcelaria es de raza negra.


Orlando Zapata Tamayo ha muerto después de años de sevicias en las cárceles cubanas que él quiso denunciar, inmolándose por medio de una huelga de hambre. Para nadie es desconocida la terrible situación en que se encuentran los presos políticos en Cuba. Lo han denunciado organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional, que había adoptado como preso de conciencia a Orlando Zapata.

En los últimos años ha habido en Cuba un goteo de “licencias extra penales por motivo de salud”, para evitar que algunos disidentes, sobre todo los de la llamada “primavera negra de 2003”, como Raúl Rivero, murieran en la cárcel. En el año 2006, Guillermo Fariñas mantuvo una huelga de hambre durante siete meses para exigir el derecho a utilizar internet. Fariñas fue ingresado a tiempo en un hospital de Villa Clara y logró salvar su vida, aunque padece graves secuelas, por esa y otras huelgas que ha llevado a cabo para exigir que se respeten los derechos humanos en la isla. 

¿Por qué entonces los Castro han dejado morir a Orlando Zapata Tamayo?

La muerte del disidente es la prueba fehaciente de que la revolución ha vuelto a sus orígenes, a la sangre y los cadalsos, agotada ideológicamente y sin soluciones para hacer frente a la crisis económica que vive el país, mucho más grave que durante el “periodo especial” que siguió a la pérdida de las subvenciones soviéticas, tras el desplome de la URSS.

El Gobierno cubano ha roto el contrato social que estableció con la ciudadanía. En 1959, Fidel Castro dijo: “…nos dieron a escoger entre un capitalismo que mata de hambre a la gente y el comunismo, que resuelve el problema económico pero que suprime las libertades tan caras al hombre”. Después de más de medio siglo, los Castro han resuelto la cuadratura del círculo: Cuba no es ni capitalista ni comunista, sino todo lo contrario. Los sistemas sanitario y educativo, las joyas de la corona de la revolución, son apenas una sombra de lo que fueron, como también todo el entramado de protección social. Los bajísimos salarios y el sistema de doble moneda, han dividido a los cubanos en dos clases sociales. Sólo los que disponen de pesos convertibles pueden acceder a bienes de consumo importados; los que cobran su salario en pesos cubanos sólo tienen la libreta de racionamiento, cada día más flaca.

Los Castro temen una revuelta popular, como ocurrió en 1994 durante el llamado “maleconazo”, cuando miles de personas se lanzaron a la calle para pedir “pan y libertad”. El hambre ha hecho su aparición en Cuba y si el Gobierno se ha sentado en la mesa de negociaciones con Estados Unidos para tratar de regular la emigración, es porque muchas personas se juegan la vida a diario en precarias balsas en el llamado “corredor de la muerte” en su intento por escapar a la Florida. 

Las promesas de cambio de Raúl Castro han aumentado el grado de frustración de los cubanos. El 26 de julio de 2007, todavía como Presidente en funciones, Raúl Castro abrió una puerta a la esperanza al anunciar “reformas estructurales de fondo” y la eliminación de muchas de las “prohibiciones absurdas” que pesan sobre la población. Cuando llegó al poder, al menos oficialmente, no pudo llevarlas a cabo. Fidel Castro lo impidió. 

Apartado oficialmente del poder desde hace casi cuatro años, el Comandante es quien manda realmente en Cuba. Cuando Barack Obama llegó a la Casa Blanca, Raúl Castro anunció que estaba dispuesto a hablar con él de todos los temas incluidos los derechos humanos. Días después, en una de sus “reflexiones”, y ante la respuesta positiva estadounidense, el Líder Máximo dijo: “Obama entendió mal”.

La savia que alimenta al Gobierno cubano es la confrontación. Los hermanos Castro necesitan el bloqueo del “imperio”, la posición común europea, el descrédito internacional. Sólo culpando a los demás pueden justificar sus fracasos. Sólo justificando la “agresión” exterior pueden presentarse ante su pueblo como víctimas. Dejar morir a Orlando Zapata Tamayo forma parte de esa estrategia. Las protestas les dan oxígeno.

A los Castro no les queda nada, ni siquiera la capacidad de sucederse a si mismos. A lo largo de su historia han devorado a sus propios hijos. Las muertes políticas de los dirigentes de la llamada “generación probeta” como Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, como antaño las de Roberto Robaina y Carlos Aldana, conduce, inexorablemente, a la revolución a sus orígenes. Los Castro la empezaron y con los Castro morirá. Con sangre.


Vicente Botin fue corresponsal de Televisión Española en Cuba y es autor del libro “Los funerales de Castro” 


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